Musicoterapia
Dominando la ciudad se alzaban las mismas nubes grises que todos habíamos observado durante los últimos dos meses. Ese tono sombrío y lúgubre recorría todas las calles de la capital y las almas atrapadas en su radio empezaban a sentir los efectos de tal acontecimiento. “¡Tan solo dime una buena razón para salir de la cama!”, refutaba mi hermano a mi estúpido intento de convencerlo a dar una vuelta por el parque, y ¿Quién podría culparlo? Los arboles habían perdido sus hojas por la falta de luz solar, la gente ya no caminaba como antes; ya no existía una sonrisa que admirar en esta desolada comunidad. De igual forma, había pasado las últimas cuatro semanas circulando la ciudad en busca de un poco de alegría, en busca de una pizca de esperanza que pudiera sacar a todos de sus agradables y aburridos colchones; pero todo intento terminaba igual de fatalista como los anteriores. Me levanté un jueves por la mañana y abrí las persianas en mi cuarto, esperando com...